Una vivencia en primera persona, palpar la realidad o estar allí son algunos de los mejores recursos para realizar una aproximación a la verdad. No hay que disfrutar de un exceso de inteligencia para descubrir que el patio trasero de programas como ‘Aquí hay tomate’, cuatro millones de espectadores a diario de media, emana un hedor insoportable. La mentira y el amarillismo son elementos del reglamento ético del informativo del corazón que dirige Jorge Javier Vázquez. Se podrían recitar mil ejemplos para desmitificar la imagen de este programa, calificado en alguna ocasión por su conductor como “la CNN del corazón”. Valga uno, vivido aquí en Guadalajara, significativo para mostrar las miserias del ‘tomate’. Isabel Pantoja, objetivo número uno de la prensa del corazón, estuvo en el Teatro Buero Vallejo hace una semana. Hizo doblete, concierto viernes y sábado. Un reportero del programa merodeó esos días por los alrededores del teatro alcarreño. Al igual que sus compañeros de agencia, tenía prohibido el acceso al recinto, orden de la productora de la gira de la tonadillera sevillana. Sin materia con la que rellenar metraje, el ‘tomate’ fabricó una noticia de un hecho inexistente. El programa emitió el lunes un vídeo bajo el subtitulo de ‘Guadalajara llama estafadora a Isabel Pantoja’. Nada que ver con lo sucedido. Cogieron los gritos de tres jóvenes y los extrapolaron al resto de la población. Después denunciaron la venta de entradas falsas. Pasaron a toda velocidad una imagen que comparaba dos billetes, supuestamente iguales, el original y la copia. Bastaba un vídeo para desacreditar esta afirmación. Era cierto que las dos entradas se referían a la misma fila y asiento, aunque no de la misma ubicación. Una verdad a medias colocada en un contexto falso. Si de lo que se trataba era de conseguir enturbiar un poco más la atmósfera que rodea a Isabel Pantoja, misión cumplida. A base de sensacionalismo, pero que poco importa cuando los índices de audiencia son tan generosos y hay tanta publicidad que vender. Tampoco hay que engañarse. En peores cuotas de subjetividad se mueve la prensa seria, la importante, la que denosta a la del corazón. Ensuciados hasta arriba, enfrascados en una pelea barriobajera, empeñados en contar su verdad por el interés que sea.

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