Pues bien. Indicar, en primer lugar, que seguro que las tres primeras filas estaban reservadas para protocolo. Al estreno de Closer acudieron el concejal, el diputado, la delegada y la consejera de Cultura. Creo que es la primera vez que les veo a los cuatro juntos. Ni que decir tiene que el resto de las caras no parecían muy asiduas al teatro. Mariano Barroso, el hombre que aseguró que ellos no se habían quedado con ninguna entrada, fue a buscar y coló al menos a cuatro espectadores. Lo malo es que, al no ser famosos, difícilmente se puede comprobar si repitió la operación. Lo que también es seguro es que las invitaciones corrieron en abundancia. En taquilla sólo se vendieron 23 entradas. Bueno, saquen conclusiones: todos pagamos a una compañía de Madrid para que represente una obra menor a la que encima no somos invitados. Por cierto, lamentable lo de un periodista radiofónico de la ciudad dando su parte sobre el montaje. Debía estar viendo una obra distinta a la que presenciaron el resto de espectadores, porque en la suya Belén Rueda lo hacía de fábula y el resultado era único, incomensurable, maravilloso. Ese señor ha aprendido a quien hay que hacer la rosca y a quien se puede mentir sin pudor alguno.
¿Algún día aprenderemos a fomentar lo de aquí antes de traer a estrellas mediáticas que nos hagan sentir importantes?

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