Si vivir es ganarle batallas a la soledad, que cantaba Luis Ramiro (un cantautor a descubrir), el Teatro Moderno de Guadalajara es un nonagenario que exprime sus últimos años de vida. Provoca lástima ver cómo un recinto que posee agradecidas características (céntrico, cómodo, agradable, íntimo) está tan desaprovechado. Y más pena les da a los artistas salir al escenario y ver a no más de quince personas en un patio de butacas preparado para acoger a 200 espectadores. El último que vivió esta circunstancia fue Félix Grande, Premio Nacional de Poesía. Su cara sí que dibujó un auténtico poema lleno de tristeza cuando salió y vio la escasísima afluencia que se congregó para escucharle. Lejos de buscar remedio, situaciones semejantes se repiten con cabezonería casi cada viernes, sin que la administración que rige el Teatro, la Junta de Castilla-La Mancha, le ponga algún tipo de parche. Sin que la ciudadanía sepa que en todo el centro de Guadalajara hay un teatro con infinitas posibilidades y con una programación que merece la pena.

Advertisement